Hoy, 8 de octubre, no es una fecha más en el calendario del automovilismo sanjuanino. Es un día que nos invita a cerrar los ojos y escuchar el eco de los motores que, por primera vez, despertaron a la Quebrada. Hoy se cumple un nuevo aniversario de la inauguración de nuestro amado Autódromo El Zonda, una obra que es mucho más que asfalto y tribunas; es el sueño materializado de un grupo de visionarios que se atrevieron a soñar en grande.
Nacimos en un San Juan que se reconstruía con tenacidad y optimismo. En una provincia que resurgía de las ruinas del terremoto de 1944, la velocidad se había convertido en una pasión popular. En ese crisol, el 19 de noviembre de 1961, un grupo de visionarios liderados por nuestro primer presidente, el Dr. Luis López Gaído, fundó la Asociación Sanjuanina de Volantes (ASV) con un doble anhelo: organizar formalmente la actividad y construir "un escenario digno" para ella. El impulso era tan grande que, apenas un mes después, ya estábamos organizando nuestra primera carrera en el Parque de Mayo. Fue una crisis, la posterior prohibición de las carreras urbanas, la que se convirtió en el catalizador definitivo para transformar aquel sueño en una obra maestra.
La inauguración, aquel 8 de octubre de 1967, fue el acontecimiento deportivo más importante en la historia de la provincia. Más de 20,000 almas pasaron la noche en los cerros para no perderse el momento histórico. Con la bendición de leyendas como Juan Manuel Fangio dando la bandera de partida y la inolvidable victoria de nuestro "Maestro", Eduardo Copello, sellamos un pacto de amor eterno entre la ASV, El Zonda y el pueblo sanjuanino. Durante más de cinco décadas, fuimos los custodios de esa mística. Organizamos todo tipo de competencias, desde las zonales hasta épicas carreras internacionales como la San Juan-Coquimbo, y trajimos a las categorías más importantes del país, consolidando a nuestro autódromo como un templo de la velocidad, temido y respetado por todos.
Este fin de semana, el rugido volverá a sentirse en la Quebrada. Y aunque nuestros corazones se alegran por ello, no podemos ocultar una profunda nostalgia. Después de más de 60 años de gestión ininterrumpida, hoy no somos parte de la organización. Las instituciones como la nuestra, nacidas de la pura pasión y el esfuerzo colectivo, cumplen un rol social que trasciende lo deportivo. Somos formadores de talentos, contenedores de sueños y guardianes de una herencia cultural. Creemos firmemente que el verdadero progreso se construye sobre la colaboración, donde la fuerza del Estado apoya y fomenta la experiencia y la pasión de las asociaciones civiles que han dedicado su vida a una causa. Reemplazar esa energía y ese conocimiento acumulado, en lugar de potenciarlo, puede, a la larga, debilitar el tejido mismo que sostiene al deporte.
Nuestra historia, sin embargo, nos ha enseñado a ser resilientes. Hemos navegado crisis, superado épocas de abandono y siempre, con el espíritu de nuestros fundadores y la estabilidad de liderazgos como el de Antonio Meritello, quien nos guio por casi 40 años, nos hemos puesto de pie. La pasión que nos dio vida sigue intacta.
Por eso, hoy miramos hacia adelante con esperanza. Anhelamos un futuro donde la colaboración y el respeto por la historia sean los pilares para seguir construyendo la grandeza del automovilismo sanjuanino. Soñamos con volver a ser protagonistas en la casa que ayudamos a construir, para que el legado de Copello, del gran Ricardo Zunino llegando a la Fórmula 1, de Henry Martín y de tantos otros héroes locales siga inspirando a nuevas generaciones. El motor de la ASV sigue en marcha, y mientras haya un sanjuanino apasionado por la velocidad, nuestra llama seguirá viva.